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Calificación energética de una vivienda: ¿por qué es tan importante?

La calificación energética es una etiqueta similar a la de los electrodomésticos, pero aplicada a las viviendas. Se trata de una herramienta importante porque contribuye al ahorro energético en los hogares. Aquí te explicamos en qué consiste y qué puedes hacer para que tu hogar se convierta en un ejemplo de eficiencia y consumo responsable.

Qué es la calificación energética de una vivienda

Es un índice que valora la eficiencia energética de una vivienda. Establece una escala de letras, desde la A (máximo grado), hasta la G. Para categorizar los inmuebles, se calcula el consumo de energía necesario para satisfacer su demanda anualmente en condiciones normales de funcionamiento y ocupación.

A través de arreglos en el envolvente o los sistemas térmicos de una vivienda, ésta podrá subir de nivel en su calificación. Incluso, puede ganar más de una letra. La máxima calificación debe ser posible en cualquier clima y se reserva para edificios con diseño idóneo, que usan energías verdes y tienen alta eficiencia.

Indicadores de la calificación energética de una vivienda

Estos se refieren a la unidad de superficie útil. Tienen en cuenta la energía consumida por el edificio para satisfacer sus necesidades de: calefacción, refrigeración, ventilación, agua caliente sanitaria, iluminación y calidad del aire.

Algunos de ellos son:

Los indicadores no solo explican las razones del comportamiento energético de un edificio, también sirven para proponer mejoras en las viviendas.

Categorías de calificación energética

La calificación energética de una vivienda depende de las características y condiciones arquitectónicas de su estructura y suministro energético. Para valorarla, se compara su eficiencia energética con la media de las viviendas europeas. Te explicamos ahora en qué consiste cada una de las categorías de la clasificación:

Clase A

Se trata de las viviendas más eficientes. Tienen un consumo muy inferior a la media.

Clase B

Son viviendas de gran calidad, muy eficientes, que reducen el consumo energético hasta casi la mitad de lo que consume un hogar medio.

Las letras A y B para viviendas existentes son, prácticamente, una utopía. Se reservan a las de nueva construcción, diseñadas expresamente para ser energéticamente eficientes. Y esto no es muy habitual. Hablamos de viviendas autosuficientes, que apenas requieren aporte de energía externa.

Clase C

Son viviendas eficientes porque consumen entre un 10% y un 25% menos que la media.

Clase D

Esta calificación energética agrupa a viviendas ligeramente mejores que la media, con consumos inferiores hasta en un 10%. Cuentan con cierto grado de aislamiento térmico, ventanas dobles y algún sistema de climatización eficiente.

Clase E

Están en la media. Más del 70% de viviendas entran dentro de este nivel de eficiencia energética.

Clase F

Están mal acondicionadas, son poco eficientes. Consumen hasta un 25% más que la media. Ya sea por malas instalaciones, malos aislamientos o ambas cosas. Estos inmuebles suelen tener más de 40 años y necesitan mejoras energéticas.

Clase G

Son las más ineficientes. Y más comunes de lo que cabe imaginar. Tienen muy malas condiciones, aislamientos inexistentes, mala construcción e instalaciones de calefacción inadecuadas. Consumen más del 25% sobre la media: necesitan mucha energía para conseguir unas mínimas condiciones de confort.

¿Cómo mejorar la calificación energética de una vivienda?

Te sugerimos algunas modificaciones en tu vivienda, que la harán más eficiente energéticamente:

Una vivienda con una buena calificación energética garantiza que desde casa podamos contribuir a la protección del medio ambiente. Anímate a ser un consumidor responsable y que tu hogar sea el mejor calificado de tu comunidad.

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